Texts for Nothing

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Bernardí Roig. Textos: Fernando Castro Flórez

La poderosa imaginación de Bernardí Roig determina al hombre como ese animal de deseos que tiende hacia el exceso; no puede sorprender que le obsesione el destino de Acteón, consciente de que el lugar de la visión es tanto la fuente del delirio cuanto el estigma que conduce a la metamorfosis y al despedazamiento.
“Si el reino es de los violentos, Acteón –escribe Klossowski- es el primer paso por el camino de la sabiduría al acercarse a esa zarza ardiente que apartó como el primero de los videntes en marcha, armados y enmascarados”. Necesitamos mantener viva la memoria de aquel cazador que soltó la presa para coger su sombra: mudo, vidente, desgarrado. Thauma idésthai (maravilla a ver), cosa espléndida, fascinante, a menudo terrorífica. Bernardí Roig no deja de retornar a un mismo asunto o, mejor, a un cuerpo entregado a la mirada del otro. Situado en mitad del relato (vale decir: transformado en un im-pertinente o en un entro-metido) mantiene su imaginación dirigida a lo fundamental: la seducción. La mirada extraviada encuentra una forma cruel de la belleza. El cruce de miradas afiladas como flechas produce afasia o, peor, transforma en bestial la subjetividad, en un instante que genera la máxima incomunicación: “Acteón ha visto lo que podrá contar jamás y queda encerrado en el mutismo absoluto. Ve porque no pude decir lo que ve, si pudiera decir, dejaría de ver. Entonces solo podrá crear equivalentes, y esas equivalencias serán la sustancia elemental, la materia de la estarán hechas intenciones en el proceso creativo. El ojo es la herida más profunda del cuerpo, una herida de la que, más allá de la sangre, brota agua salada”. El cazador extraviado (la clave de su “error trágico” y también de su falta de “culpa) consigue, en la cruda versión instalativa de Bernardí Roig, su propósito oculto, esto es, cumple su errado deseo: penetra a la diosa, transformada en una suerte de stripper, pero lo hace dentro de un recinto acotado por un velo-cortina semi-transparente. En cierta medida, el espectador está apostado en el lugar diabólico.

Bernardí Roig considera que representar es una idea destinada a cumplir la función demostrativa de la incertidumbre. Para él, una imagen es siempre “una imagen mutilada”. La situación crucial de la que parte es la de estar debajo de la cabeza, esto es, soportando el peso de lo obsesivo [leer más… en la edición impresa]