Elegancia y fuerza en la pintura de Ricardo Sanz

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Luces y sombras en Palacio. 89x116 cms.

Julia Sáez-Angulo. De la Asociación Internacional de Críticos de Arte

Es un artista de formación clásica, algo importante y fundamental en estos tiempos de impostura. Su conocimiento del dibujo, su control del color y el dominio de la técnica al óleo, hacen de su pintura un valor firme, una pieza definitiva con vocación de permanencia en el tiempo. Los cuadros de Ricardo Sanz son, de entrada, un seguro patrimonio artístico para el coleccionista de sus obras.

En esta exposición, el autor muestra una rica panoplia de su quehacer artístico, de su versatilidad en los géneros pictóricos: figura, desnudo, retrato y paisaje.

La figura humana —siempre ante el reto de la proporción— se refleja tanto en los cuadros de danza flamenca con su ritmo de volantes o en las escenas de género, como las bellas caseritas vascas, donde se da la alternancia prodigiosa de rojos y blancos, muy querida por el autor. Mención aparte merece la figura de la niña dormida junto a su muñeca, un bello poema pintado que trae a la memoria la afirmación de Horacio Ut pictura poesis.

El pintor capta los momentos relajados y los traduce en sus óleos con maestría, en una condensación significativa de la escena; sabe difuminar la materia para romper la dureza recortada de las formas.

El desnudo es una variante muy particular de la figura. A Ricardo Sanz le gusta plasmar la belleza del cuerpo humano femenino, en su intimidad y silencio. La figura entonces suele reposar reclinada y el color de la piel juega con las transparencias de las gasas o las telas que la cubren y dinamizan la composición. Son desnudos delicados, de buen tono, en sintonía con el refinado gusto del pintor. […]