La percepción de la realidad de Kike Meana

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Madrid a las nueve en verano. Óleo sobre lienzo. 150 x 250 cm

¿Cómo percibimos la realidad?, con los sentidos, sobre todo con la vista, gracias, entre otras cosas, a unas células receptoras que tenemos instaladas en el fondo de los ojos capaces de recoger imágenes que luego son transferidas al cerebro. Esta información es igual para todos.

Cinco de la tarde. Óleo sobre lienzo. 130 x 162 cm

Esta realidad, esta materia prima de las imágenes es idéntica para todos nuestros ojos, entonces porqué vemos cosas diferentes que los demás. Quizás por la interpretación que hace nuestro cerebro de estas imágenes, o porque no nos gusta esta realidad y tenemos que inventar otra más cómoda. Llevamos muchos siglos inventando realidades. Desde doctrinas filosóficas o políticas, dudosas apariciones, abducciones y contactos extraterrestres, y todo tipo de «para-realidades».

Las religiones nos dicen que esta realidad que vivimos no es la buena y que luego vendrá otra mejor para los que cumplan sus leyes. Así arte y artistas se han convertido en el medio perfecto para representar esas ideas, para dar forma a estos conceptos abstractos, incluso han creado una iconografía de estas ideas que todavía arrastramos.

El Arte del siglo XX se ha caracterizado por la libertad de pensamiento artístico interpretando la realidad sin fronteras, también nos ha propuesto un sinfín de realidades diferentes que nos han hecho escapar, aunque sea un rato, de nuestra realidad. Utilizando todo tipo de estéticas diferentes y casi inagotables nos han llevado los artistas a otros mundos, a otras realidades y al final hemos vuelto, algunos, sabiendo que simplemente era un viaje a otros mundos o, a otros lenguajes estéticos.

Pero yo pienso que la realidad, esta realidad biológica y geológica representada por átomos es fantástica y no necesito otro mundo diferente porque éste me gusta. Me he pasado años viendo exposiciones y transportándome a otras realidades, disfrutando de estéticas muy diversas, y digo sin miedo que la realidad biológica, atómica, como quieran, esa que capturan mis receptores, me produce más emociones que cualquier otra inventada.