Criterios para una movilidad urbana más sostenible

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Sección de calle con reparto de usos más equitativo

Cristóbal R. Román Bustos. Ingeniero Técnico de Obras Públicas/Ingeniero Civil

En los últimos años se viene alzando una corriente humanista entre los ingenieros que participan en el diseño urbano. Creando espacios más comprometidos con el peatón como usuario prioritario, e incentivando el uso del transporte público y la bicicleta. Un viento que viene del centro y del norte de Europa, cuyas ciudades han ido devolviendo al ciudadano parte del terreno cedido a los vehículos.

Los transportes urbanos colectivos

Con el auge del automóvil en la segunda mitad del siglo pasado, el coche se convirtió en un instrumento liberalizador y sinónimo de una sociedad más próspera. Nuestro país se apresuró a implementar políticas de movilidad urbana centradas en el vehículo. Medidas que han traído ventajas pero también inconvenientes, ya que ha crecido notablemente la polución acústica y ambiental. Sin olvidar el número de personas muertas en nuestras calles como consecuencia de los atropellos.

Además, en la década de 1960 y 1970 del siglo XX, las ciudades españolas iniciaron el desmantelamiento de los tranvías por considerarlos anacrónicos, mientras muchos de nuestros vecinos europeos mantenían este tipo de transporte. Todavía circulan tranvías muy antiguos en nuestro siglo, incluso en ciudades de gran prosperidad económica.

El tiempo ha demostrado que el tranvía es uno de los transportes más funcionales, cómodos y accesibles para el ciudadano. Un modo de locomoción saludable ambiental y socialmente, romántico en muchos casos, que debemos cuidar con tesón. Subir al tranvía, al metro o al autobús debería formar parte de nuestra vida diaria, sin prejuicios ni recelos absurdos.

En este sentido, se está constatando el renacimiento del tranvía en España. Una noticia que sin duda mejorará la vida urbana siempre que consiga atraer usuarios del vehículo privado.

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