Cristina Blanch, una observadora de la ciudad, a ras del suelo

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Wings of desire, óleo sobre tabla, 50x100 cm, Barcelona, 2012.

Este verano, viendo unas piedras prehistóricas en una isla balear me di cuenta que, de un modo u otro, todas las piedras son prehistóricas, incluidas las que se usaron en el edificio Chrysler. Todas llevan millones de años en la tierra.

Y es que visto así, reverencias tendríamos que hacer incluso al edificio mas cochambroso de nuestro propio barrio. Pero no, viajemos a Nueva York. Como diría Le Corbusier «… una hermosa catástrofe.»

Hay ciudades grandes, imponentes, que se te caen encima al mismo tiempo que te elevan al cielo, y donde las personas se mueven sin ser conscientes de ello. N.Y. es el ejemplo perfecto. Reminiscencias de las antiguas civilizaciones en las que el hombre construyó y se elevó por encima de sus limitaciones, queriendo encontrar el cielo al tiempo que lo tapaba. Osadía, desafío a los dioses y soberbia gloriosa y enternecedora, muestra de su incapacidad para entender el sentido de la vida en la tierra.

Sightseeing, 107 x 100 cm, óleo sobre tabla, 2014.

A ras del suelo el caos, el amontonamiento y el exceso obligan al que observa a mirar hacia arriba para escapar y al que no observa, a seguir dando vueltas sobre si mismo.

Como observadora que soy, no puedo evitar conmoverme viendo el movimiento desapegado e inútil de sus gentes, rodeadas de tamañas obras de arte de piedra y acero.

Mi preferida es el Seagram, maravillosamente achocolatado y rodeado de grises. Prudente y discreta obra de Mies van der Rohe, aunque a su vez no muy distante del mejor ejemplo de vulgaridad, el Times Square, y sin embargo, mucho mas popular. ¿Quién no tiene una foto nocturna con esas ofensivas luces alrededor?